Lesbianas, feminismo y pánico moral en San Salvador - 26 de abril día de visibilidad lesbica

Dr. Amaral Arévalo
Postdoctorando en el Instituto de Medicina Social/Universidade do Estado do Rio de Janeiro y vicepresidente de la Fundación Igualitxs


En este 26 de abril que se conmemora el día de la Visibilidad Lésbica, deseo reflexionar sobre el difícil proceso que implica la visibilidad de las lesbianas en El Salvador y la importancia de esta fecha para el movimiento de disidencia sexual y de género en el país. Para realizar esta breve reflexión lo realizaré por medio del análisis de un pánico moral efectuado en El Salvador en el año 1993 a consecuencia de la realización del VI encuentro feminista Latinoamericano y del Caribe. Las fuentes que utilizaré provienen de El Diario de Hoy, caso alguna persona desee indagar más en dichos documentos.

Para iniciar deseo definir qué es lo que entiendo por pánico moral. El pánico moral fue un concepto creado a finales de la década de 1960 por Jock Young al interior de London School of Economics para describir el efecto en espiral que causaban los medios de comunicación, opinión pública, los grupos de presión, los políticos, sobre la preocupación con el consumo de drogas. El pánico moral desde sus inicios estuvo conectado con la criminología. Este concepto fue mayormente conocido por los estudios que realizó Stanley Cohen por medio de su explicación de cómo fueron satanizadas las peleas de grupos de jóvenes en Inglaterra, por los medios de comunicación, para justificar su represión. En la década de 1980, científicos sociales que tienen su foco en el estudio de la sexualidad, el género y el cuerpo inician a utilizar el concepto de pánico moral para explicar como las personas que salen fueran del patrón binario de la sexualidad y el género son sometidas a diversas estrategias de criminalización y control social, para el caso Jeffrey Weeks introduce la categoría de estigma como uno de los ejes centrales de análisis para entender las reacciones políticas y sociales que reprimir esos comportamientos sexuales que confrontan el status quo. Posteriormente, la antropóloga Gayle Rubin, describe cómo el pánico moral es interaccionado para resguardar las fronteras de la moral sexual hegemónica y atacar violentamente a comunidades eróticas minoritarias que salen fuera de ese patrón de lo “normal”, las cuales resultan ser exterminadas en muchos de los casos cuando son el objetivo de un pánico moral.

Debemos recordar que, en 1993, El Salvador estaba iniciando el periodo de postguerra. En este contexto se debe de hacer mención que también se inicia una reflexión sobre el Feminismo. El Feminismo de postguerra se presenta como un espacio para la reflexión y compartir las propias experiencias de las mujeres al interior del conflicto armado y la adquisición de una visión crítica de la sociedad. En este punto, las incipientes relaciones internacionales con feministas forjadas en la década pasada ya sea en el exilio, por medio de la solidaridad internacional o el simple interés de conocer de primera mano las experiencias de vida de las mujeres exguerrilleras; se transforma en una migración de feministas, tanto del norte como del sur, a El Salvador. Entre mujeres revolucionarias, civiles, exguerrilleras, mujeres de diversos sectores y mujeres extranjeras se estructura un feminismo salvadoreño de postguerra a partir de 1993.

En ese momento histórico efervescente del movimiento feminista, se constituye el primer colectivo lésbico de El Salvador, siendo conocido como la Colectiva lésbica-feminista salvadoreña de la Media Luna. Jules Falquet, una feminista y lesbiana francesas que se incorporó al proceso de reconstrucción social por medio de su apoyo a grupos sociales recuerda el inicio de la Colectiva de esta forma: “Después del Primer Encuentro Centroamericano de Mujeres Una nueva mujer, un nuevo poderen Nicaragua, y tras haber participado en un taller sobre lesbianismo, Vilma, Dilcia y yo regresamos con la inquietud de hacer algo. Así iniciamos a contactar lesbianas de diferentes sindicatos y movimientos sociales” (Entrevista personal 2017).

La forma de convocatoria que realizó este grupo inicial era por medio del boca a boca en una acción en cadena, caracterizándola como “clandestina”. Los puntos de reunión eran apartamentos y casas particulares itinerantes de las propias integrantes-organizadoras, principalmente la casa de Jules-se recuerda principalmente la casa del barrio de La Flor Blanca. En estos encuentros se desarrollaban talleres sobre feminismo donde se incluían temáticas y talleres de identidad lésbica: la mujer lesbiana como sujeta política necesaria al interior del contexto salvadoreño y formas de discriminación existentes. Esta dinámica de acciones se realiza tanto en el año 1992 y 1993. 

Para el año 1993 el naciente movimiento feminista salvadoreño de postguerra había asumido, pese a las desconfianzas y temores del movimiento feminista latinoamericano y caribeño, la organización y realización del VI encuentro feminista Latinoamericano y del Caribe. Los miedos de las feministas se concretizaron con la ejecución de un pánico moral a mes y medio de la realización del Encuentro. 

El pánico moral inicia el 17 de septiembre por medio de una publicación que denunciaba la realización de una “convención de homosexuales” que se amparaba bajo el propósito-disfraz de ser un congreso feminista que pretendía luchar por los derechos de las mujeres en Centro América. No obstante, su objetivo verdadero era la organización de homosexuales y lesbianas de Centro América. Para realizar tal acción se contaba con el patrocinio del Comité de Solidaridad Internacional con el Pueblo de El Salvador (CISPES) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). La realización de dicha “convención” manifiesta que pondría en riesgo “las bases de la moral y las buenas costumbres de la familia salvadoreña, además del peligro de propagar el SIDA”. El estigma se hace presente, al asumir que dicho encuentro sería un foco para la transmisión del SIDA en el país.

Para tratar de poner un alto a este pánico moral antes que causara mayores daños, el comité organizador local e internacional del encuentro emite un comunicado de prensa, publicado el 24 de septiembre. En este comunicado se aclara que el nombre no es una “convención de homosexuales” y que era el Encuentro Feminista, se expone una breve historia de los congresos feministas realizados desde 1981 hasta el que se realizaría en San Salvador entre el 30 de octubre al 05 de noviembre de 1993. Además, se deja claro que los objetivos del encuentro serían: “la lucha por erradicar la violencia cotidiana que vivimos las mujeres, para conquistar una maternidad libre y voluntaria, por una sexualidad libre de prejuicios, por superar la división sexual del trabajo, por una participación de las mujeres en las decisiones políticas que afectan a toda la sociedad”. Sin embargo, estas aclaraciones no fueron suficientes para que el pánico moral se detuviera, sino que, todo lo contrario, este se rearma y ataca con mayor fuerza. 

El mismo día de publicación del comunicado se presenta una nota, donde se describe la posición de la Cámara Salvadoreña de Turismo, la cual no deja ninguna duda de su discriminación desde el título que utiliza: “Hoteles no se prestarían para Reunión Homosexuales”. En la nota periodística se amplía diciendo que: “Los hoteles en El Salvador son lugares decentes, acogedores y con ambiente familiar, por lo cual no se prestarían para celebrar reuniones de homosexuales, porque van en contra de la moral”; en dado caso homosexuales y lesbianas que hagan uso de estos espacios y al momento que hagan muestras públicas de su orientación sexual, los empresarios “tienen el derecho y la obligación de evacuarlos”. 

Al día siguiente, se publica una nota en la que se expresa que unos mil salvadoreños en Estados Unidos denuncian que CISPES y el FMLN apoya la organización de los homosexuales y lesbianas. Se manifiesta que las mujeres “normales” serían una minoría en el Encuentro, sirviendo de un disfraz a lo que sería su real motivo de reunión: “Todo apunta a que es un programa más para desestabilizar a la sociedad salvadoreña”. En este punto, el pánico moral muestra una de las características que ha adquirido en el país al relacionarlo con temáticas de orientación sexual, identidad y expresión de género: importación de la homosexualidad. En dicha nota, se hace público que CISPES solicita la colaboración para fundar el comité feminista “Media Luna” en San Salvador, el cual sería el encargado de luchar por la legalización de los homosexuales y lesbianas del Istmo. Enorme tarea para un grupo de 6 mujeres que eran la base orgánica de la Media Luna.

La publicación del nombre de la colectiva lésbica-feminista salvadoreña de la Media Luna tiene seria repercusiones. Estamos en pleno periodo de transición política, acciones que se ejecutaban en el periodo de la guerra aún tenían vigencia, como los escuadrones de la muerte. La publicación de dicho nombre hizo revivir la posibilidad de la acción de los escuadrones de la muerte contra las integrantes de dicha colectiva, las organizadoras o en su defecto las participantes del Encuentro feminista. El miedo en este caso no es infundado, sino que era una verdadera posibilidad. 

Para reforzar al pánico moral, una pseudo organización de la sociedad civil denominada como Frente Femenino Salvadoreño da una “Voz de Alarma” en un comunicado que se publica el 25 de septiembre, expresando su preocupación por el incremento de la delincuencia y la tergiversación de los acuerdos de paz, como si se estuviera promoviendo la anarquía. Entre todos estos procesos de descontrol social expusieron: “El colmo de los colmos que todo salvadoreño digno debe denunciar, es la prevista CONVENCIÓN DE HOMOSEXUALES que se piensa celebrar en nuestro país, patrocinada por C.I.S.P.E.S., funesta organización que apoya a la guerrilla criminal, capaz de abrazar cualquier causa, por abyecta que ésta sea, acosta del orden y la desestabilización de nuestra sociedad”.  El pánico moral va adquiriendo otra dimensión: ataque político. Al relacionar la realización del Encuentro y la supuesta participación masiva de homosexuales y lesbianas en él, como parte de las acciones políticas que el naciente FMLN como partido político estaría realizando previo a las elecciones presidenciales del año 1994. El pánico moral se vislumbra como una forma de canalización del temor de la derecha política de que el FMLN logrará ganar la presidencia de ese año.

Para tratar de contener los ataques y el mismo pánico moral, integrantes del comité de organización local del encuentro, Janeth Urquilla y Morena Herrera, se hacen presentes a las oficinas de El Diario de Hoy. En la nota que se publica el 29 de septiembre, se puede observar que este medio de comunicación justifica la promoción y manutención del pánico moral por medio de una malintencionada visión de “pluralidad” de dar cabida a todas las posiciones, mostrando las voces de las organizadoras del encuentro, de los salvadoreños en Estados Unidos y de la sociedad civil como el Frente Femenino Salvadoreño, respecto a la realización del Encuentro Feminista. Aunque en un inicio se presenta como un medio de apertura a todas las “reacciones de sus lectores”, en el desarrollo de la nota periodística se da cuenta de la visión institucional sobre los temas de sexualidad: “EL DIARIO DE HOY ha defendido tradicionalmente los principio que sustentan la institución de la familia, la moral tradicional y las buenas costumbres, por lo que expone las críticas públicas a congresos cuyos propósitos no están definidos con claridad y que aprueban posiciones discutibles”. La interpelación que pretendieron realizar Urquilla y Herrera no detuvo al pánico moral.

El 29 de septiembre se publica un Segundo Comunicado del comité organizador local del encuentro feminista. En este comunicado se nos presenta los efectos que desató el pánico moral. Uno de estos era las amenazas telefónicas que recibían las organizaciones sociales que estaban promoviendo la realización del Encuentro. Como ya se mencionó, estas amenazas se tomaron con la seriedad del caso, ya que teniendo en consideración la historia reciente del país no se sabía a ciencia cierta en qué momento se podía concretizar dicha amenaza con la desaparición o muerte de las personas integradas a la organización del Encuentro. El segundo efecto fue que los dueños de los ranchos privados en la Costa del Sol habían recibido amenazas de destrucción de sus propiedades si estas eran utilizadas en el Encuentro Feminista y la negación del Hotel Pacific Paradise para alquilar sus instalaciones durante el evento.

Las organizadoras se desligan del supuesto financiamiento del FMLN y de CISPES y dejan claro que el objetivo del Encuentro no es reunir lesbianas y homosexuales. Se solicitaron audiencias con la Presidencia de la República, el Órgano Legislativo y judicial para exponer todos los problemas que se estaban viviendo relacionados con la organización del Encuentro. Además, se solicitó el cese de la campaña difamatoria de El Diario de Hoy.

Invitación de CISPES



Para desvirtuar todas las demandas del comité organizador local del Encuentro, el 2 de octubre se publica en una página completa la invitación que el CISPES había girado a sus miembros para asistir y apoyar el Encuentro feminista en El Salvador. Esta invitación estaba dirigida -prioritariamente- a personas de la disidencia sexual y de género que colaboraban o integraban CISPES, a quienes se les solicitaba apoyar la delegación que iría a El Salvador en noviembre. En dicha invitación se hace explicito el apoyo que la delegación de CISPES daría a la recién formada Asociación Femenina de Lesbianas de la Media Luna de El Salvador. Ante esta información un grupo de ciudadanos salvadoreños manifiesta que “lo anterior demuestra que se está organizando una Convención de Homosexuales y Lesbianas en El Salvador para el próximo mes de noviembre lo que vendría a destruir las bases de nuestra moral, de nuestra religión y de nuestras buenas costumbres”. El pánico moral es hábil en mostrar mediáticamente un elemento que integraría el Encuentro como si este fuera el objetivo máximo que se pretendía alcanzar. 

Posteriormente, el 5 de octubre se interpreta la posición de CISPES de “Tenemos una delegación en la conferencia y apoya para que sus miembros viajen a El Salvador”, que se emite en una declaración a una agencia internacional de prensa, como si fuera la confirmación del supuesto patrocinio para el Encuentro feminista que El Diario de Hoy estaba difundiendo desde semanas atrás.

El día 12 de octubre se presenta una publicación de un partido político de derecha minoritario en la cual se hace un llamado de “no promover estilos de vida contra la moral”. En esta publicación nuevamente sale a relucir el nombre de la “Asociación Femenina de Lesbianas de la Media Luna”, la cual se relaciona con la supuesta promoción de una “conducta irregular” y “enfermedad”.

En el día de inicio del Encuentro, al estigma de promoción del Sida se le adjunta el de la promoción del aborto, según la publicación que se presenta el 30 de octubre, que reza en su titular “Encuentro feminista promueve el Aborto”. Ante esta noticia claramente descontextualizada, obtiene una replica de la Fundación Sí a la Vida el día 2 de noviembre donde se manifiesta que “creemos que es equivocado e inmoral tratar de confundir a las mujeres que los derechos que pueden tener sobre el cuerpo, incluyan el derecho de asesinar una vida diferente e inocente de otro ser humano”.

Ante todo, este pánico moral levantado en el país, no causa sorpresa que la participación en el Encuentro tuviera impedimentos hasta el último momento, como lo fue la retención de pasaportes de 105 mujeres participantes del Encuentro y alrededor de 7 horas “recluidas” en el Aeropuerto. Gracias a la intervención y protección de la Misión de Observadores de las Naciones Unidas en El Salvador (ONUSAL), de embajadores de diversos países de América Latina y la presión de las mujeres de “adentro” y de “afuera” del aeropuerto, se logró que pasaran migración y pudiera llegar al hotel sede del Encuentro. Alrededor de 1,500 mujeres participan en el Encuentro.

En los días de realización del congreso, debido a que el discurso escrito no provocó todo el rechazo popular que los promotores del pánico moral esperaban, se modifica la estrategia y el discurso pasa del texto a lo visual. En este caso, arenillas, siendo una serie de publicaciones partidarias con tinte humorístico patrocinado por la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), partido de ultraderecha; presenta su visión particular y sesgada del Encuentro. En la primera caricatura podemos observar la conjunción de todo el pánico moral creado en una sola imagen. En la caricatura se presentan los estigmas del Sida, el Aborto, la homosexualidad (viva atrás) y todo ello relacionado al Partido de izquierda del FMLN (viva el Frente y Viva la izquierda). Las representaciones de las mujeres, presenta una fisonomía masculinizada, quizás con dicha forma se pretendía relacionar al Encuentro con la supuesta promoción de la homosexualidad y las lesbianas en el país.

                          Caricatura n. 1                                                Caricatura n. 2



Durante los cinco días del VI Encuentro se realizaron más de 40 actividades simultaneas como talleres, mesas redondas, foros y experiencias vivenciales sobre temáticas como violencia domestica, derechos reproductivos, sexismo en la educación, trabajo sexual, lesbianas, trabajo doméstico y trabajo remunerado, acceso a la tierra, marcos de integración regional, globalización de la economía, nuevas tecnologías de la información entre muchas otras temáticas. Gracias al trabajo documental de Telemanitatenemos un registro de las actividades del VI Encuentro.

El Encuentro había finalizado para el 7 de noviembre, no obstante, el pánico moral aún se quería continuar, en este día aparece la segunda caricatura de arenillas. En esta caricatura nuevamente se desea mantener la asociación entre el Sida, CISPES, FMLN y lesbianas en el Encuentro. Para ello se diseñan a dos parejas de mujeres tomadas de la mano con corazones a su alrededor -para representar la orientación sexual-, un letrero que dice “¡Cuidado! Tiburón con Sida” y en la imagen secundaria se aprecia una representación de un tiburón y en la aleta dorsal escrito “FRENTE CISPES” y al fondo un barco. En esta caricatura, lo que se debe de resaltar es la modificación del diseño masculinizado de las mujeres de la primera caricatura a un diseño tradicional de mujer. Esto posiblemente se debe a que la primera caricatura se tenía una ideación estereotipada del tipo de mujer que asistiría al Encuentro, pero al ver que en dicho Encuentro el tipo de mujer que participaba no tenía un fenotipo masculinizante, sino que, todo lo contrario, se optó por una representación diferente de las mujeres participantes en el Encuentro. 

Para finalizar, considero que este pánico moral estaba enfocado a desgastar políticamente al FMLN previo a la realización de las elecciones presidenciales de 1994 y mantener el sistema patriarcal de dominación sobre las mujeres. Colateralmente, este pánico moral ejecutó la característica de exterminio que le adjudica Rubin, ya que promovió la eliminación de una posible comunidad erótica en formación. Las reiteradas veces que aparecieron referencias a la Colectiva lésbica-feminista salvadoreña de la Media Luna en los medios de comunicación del país, atemorizó a las organizadoras de la colectiva y amedrentó a posibles nuevas integrantes que se esperaba se incorporaran en la realización del VI Encuentro.  La colectiva de la Media Luna continuó operando en el país por un par de años más, pero su disolución fue inminente cuando las integrantes extranjeras se fueron del país y no se había logrado la visibilidad política de las lesbianas nacionales tanto en el movimiento feminista como en la sociedad en su conjunto. Esta visibilidad política se conseguirá hasta el año 2007 con el surgimiento de la Casa de Safo y su participación en la Marcha del 8 de marzo de 2008 como una colectiva de lesbianas feministas salvadoreñas… pero esa es una historia para ser narrada en otro momento.