Rosaura Pereira: “Historia de un Hombre con el Alma de Mujer”

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Rosaura Pereira: “Historia de un Hombre con el Alma de Mujer”

Dr. Amaral Arévalo, Vicepresidente de Fundación Igualitxs

Los discursos de odio al interior de El Salvador utilizan el estribillo “el homosexualismo es una importación de otros países” como estrategia política para negar la existencia histórica y cotidiana de personas salvadoreñas que no nos regimos por el modelo heterosexual. Estos discursos también son contrarios al reconocimiento de Derechos en igualdad de condiciones a las personas salvadoreñas lesbianas, gay, bisexuales, personas trans, intersexuales y otras identidades sexuales y de género (LGBTI+), manifestando que la reivindicación de derechos de este segmento de la población -históricamente marginalizado- es una campaña promovida por las Naciones Unidas y organismos internacionales de Derechos Humanos, lo cual supuestamente –en sus ideas sin fundamento- estaría lacerando “la cultura salvadoreña”.

Sabiendo que las temáticas sobre género y sexualidad son campos de disputa política, en la cual los académicos nos involucramos aportando información verás para iluminar el obscurantismo de la ignorancia; en tal sentido, este texto tiene como objetivo analizar una crónica de periódico que da cuenta de la existencia de una persona con expresión e identidad de género que no se ajustaba al patrón binario heterosexual hegemónico. Como metodología se utilizó la revisión documental. El texto transita entre el análisis y la transcripción literal de la crónica periodística. 

En la ciudad Usulután en 1937 encontramos el caso de Rosaura Pereira, una primigenia identidad trans que la historia salvadoreña ha registrado, en especial el trato violento contra su identidad y expresión de género asumida. Miguel Chacón registró esta historia (Chacón, 1937, p. 1-2). En los subtítulos especificaba que la protagonista de la historia había vestido siempre atavíos femeninos, pero un enamorado de ella descubrió que era biológicamente hombre con el posterior escándalo. A todo esto, Chacón lo denomina como: “Curioso caso de simulación de sexo”. Chacón describe todo el caso, y para hacerlo más ameno a la lectura, lo divide por capítulos, lo cual da una sensación de estar ante una micronovelamás que ante una crónica periodística. El primer capítulo establece el contexto y los actores:

El espíritu del célebre personaje de don José Zorrilla, don Juan Tenorio, se posesionó un día de un conocido ciudadano de Usulután y lo llenó de arrestos, a la vista de la joven de 19 años Rosaura Pereira, agraciada muchacha, aunque humilde criada, que hallábase prestando servicios de cocinera en casa de un palestino [Rachid Smahan] de la mencionada ciudad. Era como si se le hubiese metido el demonio en el cuerpo al ciudadano usuluteco en cuestión. Desde que vió a Rosaurita, no se dió punto de reposo. La imaginación abultaba los encantos de la muchacha y el deseo era fuego en su entraña masculina. Soñaba con Rosaura y se ingeniaba para hallar la ocasión de confesarle su cuita de viva voz y con demostraciones que fuesen algo más que enternecedoras miradas y algo más que candentes palabras. Acicateado por su inclinación fogosa, dispuso hacer la ocasión, llevado sin duda alguna de esta sabia sentencia: “No debes esperar la ocasión. Hazla”; y él dispuso hacerla lo más pronto posible y aprovecharla, recordando también que la ocasión la pintan calva y sólo un mechón tiene; aquel que no se agarra de él es moro al agua y los tontos ni de Dios gozan. Todo esto se lo repensaba en su imaginación caldeada durante las noches solitarias de soltero, tumbado en su cama, sin poder dormir, pensando en la encantadora Rosaurita.

Aquí se presentan los deseos e intereses sexuales de un hombre sobre una mujer. Rosaura en este caso se la exhibe como una cenicientaque trabajaba humildemente de criada y cocinera en la casa de un palestino llamado Rachid Smahan (Diario de Oriente, 1937, p. 1). Esto no representa mayores inconvenientes. Pasemos al segundo capítulo titulado: “Rosaurita se halla inquieta”.

La muchacha embargada por los pudores femeninos escuchó la atrevida declaratoria de amor, encogiéndose toda ella, como planta que abaten los rigores del verano; sufrió Rosaurita los arrebatos de su galán, mientras defendía con negativas y protestas de castidad, su feminidad amenazada y perdió el sueño, midiendo y pesando el peligro en que la ponían los arrestos de aquel hombre. No dormían; el uno pensando en nuevas emboscadas, tretas, engaños, promesas y embestidas; la otra temiendo que se hallaba al borde de un precipicio en el que podía caer si no hacía valor y se revestía de él.

Una visión tradicional de los roles sexual se presenta en este momento. En este caso, la figura del hombre como un ser activo y con deseos sexuales irrefrenables; no es por acaso que la referencia simbólica que se utiliza sea “don Juan Tenorio”. Por el otro lado, Rosaura como mujer su “deber” era mantener su castidad a pesar de la insistencia y el asedio de su pretendiente. Ahora el tercer capítulo presenta una disyuntiva: “La caba baja”.

Así intitula Luis de Oteysa un relato amoroso de un héroe legendario español, para apuntar en la historia del momento en que una princesa mora se rendía a los brazos de aquel. Si, la Caba baja. Así descendió, cuando menos ella lo pensaba, a los brazos del don Juan Tenorio usuluteco, la encantadora Rosaurita Pereira, aturdida por el asedio que se le había puesto. Sin “saber cómo ni cómo no”, ella iba caminando atraída hacia su seductor por “extraños magnetismos” y de pronto, un día de estos, se halló en sus brazos en un lugar sin testigos.

En este breve capítulo de un párrafo indica que Rosaura cedió ante los cortejos de su pretendiente. Y el siguiente capítulo revela el momento de pasión cuando los dos cuerpos se han encontrado: “Llega el momento solemne”:

“Hasta que al fin”, pudo dar al cabo el bravo paladín de esta historia, al ver entre sus brazos aprisionada a Rosaurita. Se habían recreado sus ojos largamente en su cara bien parecida, en su pelo ondulado y largo, que besaban sus hombros, en sus formas morenas, netamente femeninas, en su gracia de movimientos también femenina, en sus ojos que despiden luces tentadoras de reflejos enloquecedores. Toda ella respiraba feminidad y en las prisiones de los brazos de su galán, se sentía encogida y muerta. Su pudor se revelaba tesoneramente, sin embargo; pero la fuerza venció todas las resistencias.

La crónica reconoce a una identidad femenina en Rosaura. Pero este reconocimiento fue hecho con la intención de generar un pánico sexual ante “La inesperada revelación”, con lo cual se entra al momento crítico de la crónica-novela:

¡Horror de horrores! ¿qué revelación escabrosa, imprevista e increíble se le hacía al galán en la personita temblorosa de Rosaurita Pereira? Nuestro hombre soltó a Rosaura y dio un salto hacia atrás, pronunciando el consabido “vade retro, Satanás”.

Rosaurita Pereira, no era mujer. Rosaurita Pereira era hombre; y el galán, con los ojos asombrados, contemplaba aquella figura, antes tan llena de encantos y seducciones y ahora tan desprovista de ellos y adornada por el contrario con todos los atributos masculinos sin que le hiciera falta nada; y debe de haber pensado, si ha leído las historias divulgadas hasta los últimos rincones del mundo, que el célebre Jacobo Casanova se halló en un trance igual. Pero aquel no se asustó. Era un maestro en el arte.

En este punto, cuando el aprendiz de Don Juan o de Casanova se depara con los atributos biológicos de hombre en Rosaura, este entra en pánico, ya que la cenicienta no se transformaba en princesa; y más bien parece, parafraseando una canción: “la paloma se transformó en gavilán”. El siguiente capítulo surge la identidad social de “Santiago Pereira”:

La pudibunda Rosaurita Pereira se desvaneció como por arte demoniaca y apareció frente al galán, SANTIAGO PEREIRA. Fue capturado por la policía de línea y obligado a comparecer ante las autoridades de policía de Usulután por el delito de… “usurpación de atributos femeninos”. Allí se le obligó a mostrarse desnudo, allí se le dio ropa de hombre para que abandonara su larga vida de simulación. La noticia se regó por toda la ciudad; hubo quien se hiciera cruces, hubo exclamaciones, hubo comentarios y aspavientos. De todo hubo en Usulután el día en que Rosaurita dejó de ser Rosaurita para convertirse en Santiago. Vibró el telégrafo, sonó el teléfono y la noticia debe haber llegado al lejano puerto hondureño de Tela, en la costa del Atlántico de donde Santiago es originario.

En este punto, se observa uno de los primeros momentos del ejercicio de la violencia institucional por medio de las acciones de la policía. El designar las acciones de Rosaura como delito de “usurpación de atributos femeninos”, es una clara forma de violencia, ya que dicha categoría no existía al interior del Código Penal de 1904 vigente en esa época. Esta acción tiene repercusión más bien en lo simbólico y no tanto en lo penal. Esta fue una forma para designar la transgresión de las normas binarias sobre género y sexualidad que Rosaura ejecutó. El hecho de obligarla a mostrarse desnuda ante la policía para dictaminar a que sexo corresponde fue una forma de verificar la existencia o no de un anormal o en palabras de Foucault (2007) de un “monstruo”. Existe un deseo impulsado por la morbosidad de explorar y ver qué tipo de cuerpo tenía Rosaura, para saber si era hombre o mujer, o en un dado caso: un cuerpo que transitaba entre los dos sexos. Por último, el hecho de entregarle ropas de hombre y obligarla a vestirlas, muestra la imposición de las normas de género y sexualidad binarias. No obstante, el nuevo Santiago Pereira como acto de resistencia mantuvo su forma de ser femenina, aunque utilizando ropas de hombre: “Los antecedentes de Santiago”.

Santiago Pereira sufrió esa transmutación hace tres días escasos en Usulután a donde había llegado para desempeñar el obscuro oficio de cocinera en casa del palestino ya mencionado. Siempre ha usado ropas femeninas, y siguiendo las prescripciones de la moda, usaba colorete en los labios y mejillas, hablaba en femenino y se emperifolla como mujer. Tan larga práctica había impreso modificaciones femeninas en sus movimientos y hasta en su voz y nada la hubiera denunciado a las gentes si no es la impetuosidad resuelta de quien se prendó en ella en Usulután. Toda la feminidad la simulaba perfectamente, en el aire y en la forma, ayudada de ingenio y previsión. Se había hecho unos senos de trapo. Aun después de descubierta continuaba simulando los gestos y los encogimientos pudorosos tan propios de las mujeres.

Confesó que era oriundo del puerto de Tela, Honduras, y que siempre había usado ropas femeninas. Andando, andando llegó a San Miguel donde trabajó como cocinera en casa de Jacobo Samour. Después pasó en calidad de lavandera y aplanchadora a la Farmacia “El Refugio” de Usulután. Posteriormente, en la misma ciudad, representó el papel de vendedora de chinería en el mercado juntamente con Hortensia Portillo. Últimamente volvió a hacer de cocinera. ¡Todo para su mal! La pobre Rosaurita Pereira, convertida en Santiago, tendrá hoy que buscar otros medios de vida.

La modificación de género de mayor relevancia en el caso de Rosaura sería la utilización de senos de trapo. Siendo una joven de 19 años, uno de los elementos principales para tener congruencia entre identidad y el cuerpo deseado, era necesario manifestar de alguna forma la existencia de caracteres sexuales secundarios de mujer. Si bien, por una parte, la modificación de la voz y la gesticulación en forma femenina eran importantes, estas no daban el resultado esperado si no eran acompañadas con la colocación de senos, en este caso de trapo, que debieron de dar la apariencia de ser naturales. 

Entre líneas esta crónica nos presenta una primera visión de la movilidad forzada de personas de la disidencia sexual y de género. Rosaura era originaria del puerto de Tela, Honduras, y había llegado a San Miguel y Usulután en El Salvador, prácticamente en la costa pacífica; en otras palabras, había atravesado Centroamérica. Aunque Chacón disminuye este proceso al decir “Andando, andando llegó a San Miguel”, no sabemos qué tipo de problemas había tenido Rosaura por manifestar una identidad y expresión de género disidente a las normas tradicionales, pero considero que su llegada a territorio salvadoreño había sido una forma de escape para poder iniciar una vida bajo la identidad femenina con la cual se identificaba, siendo despojada de ella con violencia por parte de la policía.

Hasta aquí la historia del hombre que tenía o tiene el alma de mujer, y cuyo retrato podrán contemplar nuestros lectores en esta misma edición para que gusten de su veracidad y no crean en engaños. Todo lo que hemos relatado es verdad.

Bibliografía

Chacón, M. Á. (1937, 30 de septiembre). “Historia de un hombre con el alma de mujer”. Diario Nuevo, p. 1-2.

 

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