Reflexionando sobre los crímenes de odio

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Reflexionando sobre los crímenes de odio

Dr. Amaral Arévalo

Vicepresidente Fundación Igualitxs

 

Los crímenes de odio contra personas LGBTI+, su finalidad no es quitarle la vida a otra persona, aunque sea su resultado visible. La finalidad de los crímenes de odio es atacar, lacerar y/o suprimir a esa identidad, subjetividad y cuerpo que organiza sentimientos, deseos, placeres, pensamientos, anhelos de vida, su cotidianidad como tal, de forma disidente al régimen binario heterosexual hegemónico. Este régimen promueve que la única forma de ser y estar en las sociedades es por medio de un orden obligatorio entre cuerpo/sexo-género-deseo como afirma la filósofa Judith Butler (2007). Para el caso, a manera de ejemplo, sí se nace en un cuerpo biológicamente designado como "hombre" este individuo debe de realizar acciones y actividades enmarcadas en lo socialmente construido como "masculino" y sus deseos y placeres deben de ser consumados con una persona del sexo opuesto. La misma relación aplicaría en el caso del ser humano que sea designado como "mujer", debe de asumir roles de género socialmente adscritos para dicho cuerpo y la forma de organizar sus deseos debe de ser orientada a personas del sexo opuesto.

Cuando existe una disidencia a ese régimen binario heterosexual hegemónico, se aplican diversos mecanismos de "corrección" en un primer momento, que se manifiestan en discursos y prácticas al interior de la familia: "los hombres no lloran", "la niñas no usan pantalones". En la escuela se refuerza ese patrón de comportamiento diferenciado y jerarquizado entre hombres y mujeres. El sistema de salud no reconoce ningún tipo de tránsito entre las identidades. La iglesia condena todo acto que salga fuera del modelo heterosexual. La persona LGBTI+ tiene dos opciones: construir un armario para resguardar su identidad, subjetividad y cuerpo, o manifestar su disidencia al régimen hegemónico y enfrentar todas las consecuencias que ello representa.

Tanto una persona LGBTI+ que se resguarda en su “armario” como una persona LGBTI+ que haya decidido salir de ese armario, se exponen a diversas formas de violencias; ninguno de ellos está exento de padecer un crimen de odio. Sin embargo, una persona que manifiesta su diferencia y disidencia al régimen está más expuesta a padecer violencias desde lo psicológico hasta lo física, donde el propio crimen de odio se vuelva el ápice culmen de todos los procesos de exclusión, marginación y discriminación que pueda soportar una persona LGBTI+ en su vida.

Un crimen de odio para su consumación siempre conlleva un proceso simbólico de supresión de la identidad autoasumida, de la subjetividad y el cuerpo de una persona LGBTI+. Veamos algunos ejemplos. En uno de los pasajes de las colonias populares en San Salvador, tres sujetos rodeaban a un cuarto a quien nombraremos como “Adonis”, este tenía la característica de tener el cabello pintado de amarillo. Dos sujetos sostienen de los brazos a Adonis y un tercero le gritaba palabras soeces; hasta que en un determinado momento quien le gritaba le baja los pantalones a Adonis y acto seguido le dispara en la cabeza. Adonis al parecer era homosexual.

En el caso de muerte de Adonis llama inexorablemente la atención el acto de quitarle los pantalones antes de asesinarlo. Como se sabe el uso de los pantalones, es una prenda de vestir que tradicionalmente se relaciona al género masculino, con el hecho de quitárselos antes de la muerte, simbólicamente nos remite a un acto de poder y en este caso relacionado con la subjetividad y cuerpo disidente de Adonis, estamos ante un acto de libido dominandi como lo denomina el sociólogo Pierre Bourdieu (1999), que cumple con el cometido: reafirmar la superioridad del “macho” de los atacantes, despojando a la víctima del símbolo de su masculinidad; o en palabras del antropólogo-lingüista Rafael Lara-Martínez (2012, p. 228) no basta con el asesinato de Adonis, antes de su ejecución se debe de realizar una acto sexual físico o simbólico sobre su cuerpo para reafirmar el régimen binario heterosexual hegemónico.

En el caso de Adonis, se observa la ejecución de un crimen de odio por orientación sexual y expresión de género. El quitarle los pantalones y dejar expuestos sus órganos genitales antes de asesinarlo, es una muestra de cómo el odio opera. Se debe de reafirmar su condición biológica de hombre y dejarla expuesta ante los demás, para que la identidad autoasumida sea humillada, lacerada y exterminada, algo que va más allá de la muerta física de su cuerpo. Para asesinar a Adonis no era necesario quitarle los pantalones, por este simple hecho –que puede pasar desapercibido ante una mirada no entrenada- se puede asegurar que fue un crimen de odio.

En diferentes crímenes de odio que se reportan contra personas trans una de sus características principal es su desnudez. El acto de desnudar un cuerpo trans, si bien lo podemos designar como parte de un ejercicio de violencia sexual de manera general; de manera específica –en el contexto de un crimen de odio- el hecho de exponer los genitales o en algunos casos los pechos, es una forma bestial para confirmar la existencia de un anormal, o en palabras de Foucault (2007) de un “monstruo”. Existe un deseo impulsado por una morbosidad asesina de explorar y ver qué tipo de genitales y cuerpo tienen las personas trans, para constatar de forma brutal antes de sus muertes, sí era hombre o mujer, o en un dado caso: un cuerpo que transitaba entre los dos sexos.

Este proceso de reafirmación del régimen binario heterosexual hegemónico se ejecuta de diferentes formas contra aquellos que son identificados como personas que han realizado algún tipo de transgresión a las normas del género y la sexualidad. Desde una mira interseccional, personas LGBTI+, VHI+, de clase baja y jóvenes son albos de estos procesos de violencia. Por ejemplo, en una de las colonias populares que habitan principalmente obreros que ganan el salario mínimo, al interior de ellas se ejecutan procesos de persecución y exterminio, como el caso de “Apolo”. Apolo era un hombre gay que habitaba una colonia dormitorio de San Salvador que fue asesinado por ser homosexual y se presumía que también por ser VIH+, su cuerpo fue encontrado en una zanja junto a la basura, y como acto de superioridad y agresión a su orientación sexual, le fue insertado un cabo de escoba en el ano. El haber insertado ese cabo de escoba, muestra que su muerte se relaciona a una transgresión de las normas sexuales y de género. Parafraseando a Lara Martínez (2018, p. 388) estaríamos ante una política contra el disidente sexual que se describe por medio del siguiente guion: tortura-desnudez-perforación- castración-muerte.

Para cerrar estas breves reflexiones, los crímenes de odio en última instancia se constituyen como el mecanismo final del régimen binario heterosexual hegemónico que instrumentaliza la violencia para reafirmar y controlar sus fronteras, y en el caso de las muertes de personas LGBTI+, en el aspecto simbólico representa un castigo ejemplar para demostrar a todas las personas de la sociedad las consecuencias del atreverse a traspasar o estar en la fronteras de la sexualidad y el género.

Bibliografía

Bourdieu, P. (1999). A dominação masculina. Rio de Janeiro: Bertrand Brasil.

Butler, J. (2007): El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. L´Hospitalet de Llobregat (Barcelona): Paidós.

Foucault, M. (2007): Los anormales. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Lara-Martínez, R. (2012): Indígena, cuerpo y sexualidad en la literatura salvadoreña. Soyapango: Editorial Universidad Don Bosco.

_____ (2017):Masculinidades salvadoreñas: cuerpo, raza, etnia. San Salvador: AccesArte.

Imagen

Roberto Huezo. 14 estaciones. Capilla de la Universidad Centroamérica “José Simeón Cañas” [imagen de internet]

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