"UN HOMBRE-MUJER FUE DETENIDO EN LA CIUDAD DE SAN VICENTE" titular de la captura de una mujer trans de 1940 en El Salvador

Por Amaral Palevi Arevalo Gómez, Ph. D., es investigador internacional en CLACSO y director de investigaciones de la Fundación Igualitos. Publicada originalmente en El Faro


El caso de Juliana Martínez, una mujer salvadoreña trans originaria de San Ildefonso, San Vicente, es un ejemplo de la existencia, a través de nuestra historia, de salvadoreños cuya orientación sexual, identidad y/o expresión de género ha sido diferente al sistema binario heterosexual hegemónico. Sin embargo, la memoria colectiva e institucional ha intentado olvidar su existencia; es necesario recuperar la memoria de la diversidad sexual salvadoreña.

Los discursos de odio al interior de El Salvador utilizan el estribillo “la homosexualidad es una importación de los países occidentales” como estrategia política para negar la existencia histórica y cotidiana de personas salvadoreñas que no se rigen por el modelo heterosexual para ejercer su sexualidad y manifestar su expresión/identidad de género. Los discursos de odio también son contrarios al reconocimiento de derechos en igualdad de condiciones a las personas salvadoreñas lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI) cuando manifiestan que la reivindicación de derechos de este segmento históricamente marginado de la población es una campaña promovida por las Naciones Unidas y organismos internacionales de Derechos Humanos, lo cual supuestamente –en sus ideas sin fundamento- estaría lacerando “la cultura salvadoreña”. A la reivindicación de derechos de las personas LGBTI y de otros grupos sociales, se le ha tildado como “ideología de género”.

La “ideología de género” no existe, todo ello es un recurso discursivo para manifestar públicamente una estrategia política discriminadora para disminuir, restringir y/o retirar derechos a las poblaciones históricamente marginadas como las personas LGBTI, las mujeres, jóvenes, personas afrodescendientes e indígenas, entre otros, quienes en las dos últimas décadas realizaron una serie de conquistas políticas importantes en el campo del reconocimiento legislativo, social y cultural en diversos países, principalmente, en el hemisferio occidental.

Este tipo de argumentos y estrategias discursivas se manifiesta con mayor saña y odio en los periodos electorales en nuestro país, en los cuales sale nuevamente a luz pública el intento de una reforma constitucional discriminatoria para establecer que el matrimonio, únicamente, debe de realizarse entre un hombre y una mujer “así nacidos”. Esta reforma lleva nueve tentativas desde el año 2005 a la fecha. Además de ser una tentativa para institucionalizar la discriminación, es una acción y discurso que exacerba los crímenes de odio. En el año 2009, en el punto más álgido de las discusiones por dicha reforma, los crímenes de odio contra personas LGBTI aumentaron exponencialmente, además de haberse registrado amenazas de bomba al momento de realizar la Marcha por la Diversidad Sexual de ese año, en el mes de junio.

No obstante, por falta de información, las personas que promueven la existencia de esa patraña de “ideología de género” desconocen que las personas LGBTI siempre hemos existido en el país. Lo único es que la memoria colectiva e institucional, por una parte, ha intentado olvidar nuestra existencia y, por otra, se han creado mecanismos simbólicos y prácticos para borrar cualquier rastro de una persona salvadoreña que haya ejercido una orientación sexual, identidad y/o expresión de género diferente al sistema binario heterosexual hegemónico. Para recuperar del olvido esta memoria de la diversidad sexual salvadoreña, he emprendido desde el año 2014 un proceso de investigación personal para construir una narrativa general sobre una historia de la homosexualidad en El Salvador, desde el periodo colonial hasta la contemporaneidad, que se concretizaría en un libro. La propuesta general de esta investigación pretende ser un aporte para rellenar ese vacío académico que hay sobre esta temática en la historia salvadoreña.

No obstante, sabiendo que las temáticas sobre género y sexualidad son campos de disputa político-partidaria en las elecciones, he considerado exponer, por este medio electrónico, una serie de fuentes primarias que he localizado en mi investigación. Pongo a disposición estas fuentes para refutar con pruebas concretas cualquier discurso que intenta afirmar que las personas salvadoreñas LGBTI han sido un resultado de la influencia de ideas y corrientes de pensamiento extranjeras contemporáneas. Inicialmente, más que establecer una “dictadura” o “imperio” gay, las fuentes primarias muestran la existencia de personas salvadoreñas LGBTI en diferentes momentos históricos, las cuales han estado siempre bajo condiciones de discriminación, persecución, tortura y asesinato debido a su orientación sexual, expresión o identidad de género.

En esta oportunidad, muestro el caso de Juliana Martínez, una mujer salvadoreña trans originaria de San Ildefonso, San Vicente. Ella fue detenida y encarcelada por la Policía de Hacienda por estar en la frontera de los géneros, por identificarse como mujer aunque, posiblemente, su sexo biológico fuera diferente. Entre líneas se puede interpretar como si fuera una persona intersexual. En este caso se aprecia una inclusión social y respeto de su identidad de género en su municipio de residencia ya que tenía fuentes de ingreso y, además, las personas la llamaban por el nombre que para ella se ajustaba a su identidad de género. Esta inclusión y aceptación de identidad posiblemente no era aceptado por las “autoridades” que la obligaban a utilizar vestimentas que ella no reconocía como parte de su identidad personal. El no haber obedecido a las autoridades de modificar sus vestimentas es muy probable que haya promovido su encarcelamiento. En la actualidad, el manifestar una orientación sexual, identidad y/o expresión de género diferente al sexo biológico produce ya no encarcelamientos sino crímenes de odio. ¿Hemos avanzado?

Teniendo una claridad que la construcción de la memoria histórica de cualquier grupo humano es un proceso colectivo, invito a quien conozca o tenga un documento histórico, conozca un fragmento de un libro, un poema, una fotografía, una experiencia de vida, anécdota, leyenda o cualquier tipo de referencia histórica sobre la existencia de personas salvadoreñas LGBTI a poderlas compartir, publicar y sistematizar. Sacar del armario de la invisibilidad histórica a las personas salvadoreñas LGBTI es una tarea colectiva, cualquier colaboración es bienvenida.


Juliana-Martinez-trans-1940

UN HOMBRE-MUJER FUE DETENIDO EN LA CIUDAD DE SAN VICENTE

El curioso caso de Juliana Martínez

Crónicas a cargo de EL MONGE AZUL

Un hombre que es mujer O una mujer que es hombre?

Así decían y comentaban ayer, profusión de personas en la ciudad de San Vicente, cuando agentes de la Policía de Hacienda, llevaban por la calle capturado a un sujeto de piel cetrina, abundante cabellera, con hermosas peinetas y blusa femenina de color amarillo.

Al murmullo y comentarios del público, a cual más agudos y pintorescos, no pudo quedar indiferente nuestro Redactor Viajero que estaba de paso en la histórica ciudad de Lorenzana, arrullada por las tranquilas aguas del calumniado río de Acahuapa. Y, en busca de la verdad de lo que ocurría se encaminó El Monje Azul a la celda de la Administración de Rentas donde guarda prisión el “fenómeno”.

Encontramos a un individuo de aspecto triste y vencido, color bastante moreno, con la cabellera abundante, adornado con peinetas, calzado con pantuflas de cuero.

Inquirimos sobre su estado, sexo y costumbres y nos dijo: Me llamo Julián Martínez, pero soy más conocido en mi pueblo por Juliana. Tengo 39 años de edad y soy de oficios domésticos.

Pero hombre – le dijimos – por qué eres de “oficios domésticos”?

Porque esos son mis “quehaceres”. Yo lavo, plancho, crío gallinas y he tenido en las haciendas el oficio de molendera.

Bueno ¿y oficios de hombre?

No señor. – Son muy pesados para mí.

Pero entonces, dime la verdad, qué éres tú: Hombre o Mujer?

Yo soy común de dos, señor.

Pero hombre, cómo va a ser eso?

Pues vea usted. – Yo soy hombre, por que soy hombre; pero no soy hombre; ni nunca lo he sido, no quiero serlo.

Sin salir de nuestro asombro, volvimos a preguntar: ¿ Y has tenido algún amor en tu vida?

Si, señor. Pero no con mujeres. – Yo he sido honrado. No me han gustado nunca las mujeres.

Y de dónde eres Juliana?

Soy de San Ildefonso, de este departamento de San Vicente.

Dime y toda tu vida has sido “Así”?

Si, señor. – Desde pequeño he sido común de dos. He vestido mucho tiempo de mujer y sólo porque las autoridades me obligan, me visto de hombre.

Y ese lunarcito que tienes en la cara, es pintado?

Qué vá – Es natural, gracia que me ha dado Dios.

Bueno Juliana, vamos a fotografiarte, quieres?

¡Hay, no! Voy a salir muy feo.

Y la Kodak, captó la imagen de ese pobre ser “común de dos”, que siendo hombre no puede serlo, que queriendo ser mujer, tampoco puede serlo y que, en verdad, no tiene la culpa de que la Naturaleza, al vacilar entre los dos sexos, no le haya dado ninguno, plenamente.

Adiós Juliana, dijimos. Adiós señor. Ruéguele al señor Administrador que me ponga en libertad, dijo con voz aflautada, y se dirigió a su celda, cantoneándose con ritmo de mujer.